Extracto del libro "15 Libros" de Marcy Hendel Editorial Print House.
Recien publicado, aún calentito os ofrezco un pequeño "tast" del último libro de Marcy Hendel, que os llevará por el camino angosto y seductor de los sueños.
"Aunque nadie me controlaba la hora de entrada, nunca, nunca, desde hacía 15 años había llegado un día tarde. No lo podía hacer, los libros me estaban esperando. Sin mí no eran nada.
Yo tenía la llave, yo los hacía útiles. A las 8,30 horas iniciaba mi trabajo. De vez en cuando, al llegar, ya me encontraba a alguien esperando, pero no era lo habitual. Normalmente elprimer lector del día se hacía esperar. Cuando esto pasaba yo aprovechaba para sacar el polvo, uno a uno todos los libros de la pequeña biblioteca. Quince libros que, con todo mi amor, cuidaba como si fueran mis hijos.
Al mediodía, sin moverme de mi puesto de trabajo, abría la fiambrera y comía, mientras no quitaba ojo a la puerta para que nadie aprovechara mi ausencia para llevarse alguno de aquellos libros. Terminado el postre y, si no había nadie en la sala, me acercaba a la entrada y sacando la cabeza miraba si la calle también estaba igual de desierta. Cuando por fin no veía a nadie en las cercanías, iba cooiendo hasta el baño, puerta abierta y oreja a la escucha, intentaba terminar lo antes posible. Acto seguido salía rápidamente y volvía a mirar si se acercaba alguien. Si había suerte podía volver al lavabo a lavarme las manos, antes de regresar al trabajo.
No es de extrañar que no sonara nunca el teléfono o que cuando se ponía el sol tuviera que dejar de trabajar. De hecho quedaban pocas cosas en pie. La destrucción fue casi absoluta. Las bombas cayeron sin ningún tipo de contemplaciones. Se oían silvar antes de impactar y romper en mil pedazos cualquiera de sus objetivos. Aquí y allá y por fin de pleno sobre la pequeña biblioteca. El agujero del techo impidio cualquier intento de arreglar la gran sala. Lo único que quedó intacto fue el lavabo y por fortuna allí estaba yo. Aquel día no salí corriendo a ver si había alguien, aquel día me quede acurrucado en la taza. Dos horas estuve allí hasta que me sacaron los bomberos. Quedó en pie la recepción, los 15 libros y el lavabo.
Al hacers de noche cierro los libros en la caja fuerte y vuelvo a casa. Solo llegar, una hora después, caigo rendido en la cama, el día a estado agotador y casi siempre me quedo rápidamente dormido. El sueño se repite, siempre es el mismo, llego al trabajo y la biblioteca está totalmente reconstruida, todos los libros en su lugar, el techo protege los libros del sol y de la lluvia. Las pequeñas lámparas sobre las mesas vuelven a lucir su suave luz amarilla y los libros corren de mesa en mesa. Los lectores hacen cola esperando mi llegada y lo mejor de todo, cualquier libro que me piden, lo tengo. No tengo prisa para ir al baño, cuando quiero voy, tengo un ayudante y antes de volver al trabajo me lavo las manos tranquilamente.
Al mediodia almuerzo en el pequeño bar que hay en la esquina, sin prisa, incluso me puedo tomar un café bien caliente, sorbo a sorbo, como mí me gusta. Al acabar el día, como niños que han estado jugando en el parque recojo los libros de las mesas y los instalo en sus camas. Después me siento en mi rincón favorito, con casi todas las luces apagadas, leo un rato, cuchicheando como si de un cuento para hacer dormir a mis niños. Al final, todo queda en silencio, apago la pequeña luz de mi mesa y marcho hacia casa. Antes de cerrar la puerta de la biblioteca hago una ultima ojeada, igual que la madre cuando abandona el dormitorio de sus hijos confiando que estén ya dormidos. Ya en el autobús ocupo el último asiento y miro los de mi alrededor y también los que van subiendo y bajando con mi cara de satisfacción. Quiero que participen de mi alegría".
Marcel Lacroix
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